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Ya estaba enamorado de
los autogiros, mucho antes de ver el primero. Cuando era chico veía volar
a los próceres de mi mundo de historietas, en pequeños helicópteros que
aterrizaban en terrazas y se metían entre medio de los altos edificios de
aquélla mítica "Ciudad Gótica". Quizá la historieta, de los
años 50’s se había inspirado en la misma máquina que vamos a
describir. La imaginaba el medio ideal para huir del odiado colegio,
despegando entre ensordecedores bramidos ante la mirada atónita de mis
maestros, que miraban azorados con esa expresión que decía "Sabía
que este chico iba a terminar haciéndonos esto".
Mucho después vino aquel
aviso; que descubrí en una vieja revista Mecánica Popular: El
Gyrocopter, así se llamaba; pasó a ser mi sueño inalcanzable.
Y un buen día llegó.
Estaba colgado de unos cables de acero, dentro de un gigantesco hangar en
el Museo del Aire y El Espacio en Dayton, Ohio. Ese día cambió mi vida.
Había ido de visita a una
gigantesca convención de radioaficionados; la Dayton Hamvention (Soy
radioaficionado, ahora radio veterano LU1-AR, desde los 13 años) y
después de los cuatro o cinco días que duró la feria, decidimos pasar
con mis amigos a visitar ese museo, que es uno de los más grandes del
mundo.
Hasta ese entonces la
aviación sólo me interesaba de manera colateral: Había sido
aeromodelista y había inventado máquinas de volar -ahora sé que jamás
hubieran volado- y construido algunos cohetes (De los que prefiero no
hablar).
Fui muy bien atendido en el
museo, por voluntarios de la Experimental Aircraft Associatión (EAA)
-La Asociación de Aeronaves Experimentales de los EE.UU.-. Enseguida
pregunté: Tienen un girocóptero?
El guía me
explicó que
sí. Había un Gyrocopter, como se llamaba ese aparato en los EE.UU., que
había diseñado un ingeniero
ruso-norteamericano llamado Igor Bensen,
basado en el desarrollo del ingeniero español Don Juan de La
Cierva pero que justo en ese momento estaba expuesto en otra
institución.
No obstante, el hombre -que
era un verdadero profesional- me dijo que tenían una joya de la que
derivaba el aparato de Bensen, el Rota giro Focke-Achgelis FA 330.
Este aparato, era
exactamente una silla voladora!!. Los marinos de los submarinos alemanes,
lo sacaban por una escotilla cabía desarmado en una litera y lo
ensamblaban rápidamente sobre la cubierta. Luego, enfilaban la proa hacia
el viento manteniendo un rumbo constante, que sumaba la velocidad de la
nave a la del viento. Entonces; el piloto subía al aparato, un ayudante
le daba unos cuantos giros al rotor de 3 palas; luego el mismo viento lo
ponía en plena rotación y.....se elevaba; sujeto por una cuerda liviana
y fuerte que llevaba además el cable, para la comunicación telefónica
con el submarino. Desde las alturas -quizá unos 200 metros- el piloto
mandaba las observaciones visuales al capitán. Luego lo bajaban tirando
despacio de la cuerda hasta llegar a la cubierta nuevamente.
Si algo salía mal (Luego
me referiré a ese tema), el piloto tiraba de una palanca, que liberaba
tanto la cuerda de remolque como el rotor, mediante unos pernos explosivos
(¡éstos alemanes!) y el rotor expulsado, jalaba de un paracaídas que
había detrás del respaldo del asiento al que estaba sujeto el piloto;
que salía hacia arriba colgado del arnés.
Los alemanes tenían en
Francia (Chalais-Meudon); instalaciones especiales con túneles de viento
gigantescos para entrenar a los pilotos de este singular aparato.
Pero volviendo al aparato
de Bensen; el Gyrocopter vamos a ver algunas de las
características comunes de un autogiro deportivo moderno. |