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Anatomía
de una emergencia
Este
pequeño cuento ya fue publicado en la revista aviación sport
numero 12 del
2000, pero la volvemos a poner en línea por considerar que puede
ser un ejemplo muy claro de algunas actitudes que un buen piloto
jamás debería tener.
Pasamos dos
largos meses planeando una navegación
hasta el aeródromo de Villa Carlos Paz, planeamos rutas,
rumbos, alturas, combustible y alternativas, hasta que por fin llego el tan ansiado 14 de
febrero.
Nuestro dia
comenzó con el traslado desde casa hasta el aeroclub, llegamos un
poco tarde puesto que debimos esperar a uno de nuestros
acompañantes que aun no se había terminado de preparar, en
cuanto llegamos comenzamos a cargar
nuestras pertenencias en el avión, abrimos los pesados
portones del hangar y sacamos un reluciente mono motor, comenzamos
un rápido chequeo, ya eran las once de un placido dia de verano
cuando decidimos partir, cada uno de nosotros se abrocho el cinturón
y nos preparamos para la gran aventura, si GRAN AVENTURA !
Un amigo
oficio de copiloto y me leyó rápidamente la lista de chequeo, en
ese momento no aprecie que se había salteado algunos pasos de la
lista, estábamos ansiosos y contentos, nuestra primera navegación
lejana estaba a punto de comenzar y con ella el peor susto de
nuestras vidas.
El avión
estaba muy cargado y con los tanques a tope, estaban full-full, no
tome en cuenta que el sol había echo subir la temperatura, soplaba
una brisa cruzada que en el despegue me obligo a corregir bastante
la deriva, mi hangar se encuentra a mitad del recorrido de la pista, demás esta decir que no fuimos hasta la cabecera, acelerador a
fondo !! el taquímetro asciende gradualmente hasta indicar 2500 rpm
20 Knots, 40, 60, y roto suavemente siento que el avión esta muy
pesado quizás con sobrepeso, en mi interior empiezo a lamentar el
haber desperdiciado pista, cruzo el umbral de la cabecera opuesta
con apenas 250 pies, de repente el motor tose, después.....
silencio de maquina, bajo un poco la nariz, intento buscar mi
velocidad, me insulto por dentro, me pregunto como pude ser tan
torpe , pero ya es tarde, muy tarde, el altímetro en 200, 150,
solo un campo arado al frente y árboles al costado, parecen mas
grandes que nunca, les grito que se agarren, nadie contesta el
pánico no les permite hablar, intento tocar con el tren principal
pero en cuanto este se hunde en la suave tierra con grandes surcos
sentimos un estrépito, es la rueda de nariz que se dobla hacia atrás, junto con ella rompo la hélice, nos clavamos de nariz, capotamos, damos una vuelta y quedamos aplastados contra el techo, gritos,
patadas a las ventanillas, logramos zafar con solo unos rasguños,
zafar....si se puede llamar zafar, el pobre avión esta destrozado y
con el mi orgullo de piloto .
Después ya
saben ... junta de investigaciones , tramites del seguro, meses sin
volar etc.etc.etc.
Este relato
es una fantasía o quizás no tanto, pero que cualquier piloto y su
imprudencia pueden hacerlos realidad en cualquier vuelo.
Leonardo Javier
Gonzalez
Piloto |