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Relatos de hangar
Por: Lorenzo Lavalle En uno de los tantos hangares de nuestros Aero clubes, a quien no le pasó alguna vez... algo que todavía recuerda. Por eso viajemos, volando en la nave del recuerdo, para internarnos en algunos de los "relatos de hangar"
Vuela, Vuela...
En un Aero club Hacia el sur de Buenos Aires,
se encontraba reunido un grupo de pilotos amigos que estaban mirando un
Ultraliviano, alguno ponía su comentario y de palabra iban modificando una que
otra cosa, hasta que aparece un buen señor (que no vamos a decir el nombre,
pues es conocido en el lugar) y poniendo su cuota de comentario mientras daba la
vuelta alrededor del avión, repetía: – LINDO EL BICHO, MUY LINDO. Y agrega:
LINDO PARA DAR UNA VUELTA.
En ese instante todos se miraron y un sin titubear, uno del grupo con una
pregunta muy objetiva dice: - ¿Te animas a volarlo?.
- Claro que sí (le responde el recién llegado asiendo alarde de su condición)
soy piloto de ultralivianos. -
Bueno, si lo llevas con mucho cuidado, dale, volalo.
El recién llegado, sin agregar una palabra mas, se sube al “Ultra” y busca
cabecera, chequea a noventa de pista, ocupa y sale a carretear, cuando despega,
muy prolijo los observa desde el aire al grupo que había quedado en tierra, y
comienza a saludarlos de costado. Y de pronto todos y al mismo tiempo se
abrazaban y saltando gritaban a viva voz: Relatos breves. hangar57 Por: B. L. L.
ODISEA Hacia
mucho calor y recién comenzaba el verano del 2000. Un
asado reunía al grupo de amigos en el hangar, donde festejábamos la terminación
de año, cuando... se me ocurre una idea, esa idea que nunca quisieras que
hubiera surgido y fue cuando dije: que les parece si vamos a dar una vuelta con
el Cessna 170... nos miramos y sin pensar, sacamos uno billetes para cargar
combustible. Charlamos con el dueño que estaba comiendo con nosotros y acepto rápidamente. Se
hizo el chequeo pre vuelo y se fue a cargar combustible para la odisea. Dos
de los cuatro que íbamos a viajar, quedaron esperando en plataforma hasta que
volviera para comenzar el paseo, revoleamos una moneda como los niños, para ver
quien hacía de copiloto (somos todos pilotos los que allí estábamos), la
suerte determinó que tiburón sería el copiloto, Daniel y Yo viajaríamos en
la parte trasera del cuatriplazas. Nos
acomodamos y el piloto busca cabecera, antes de llegar al final para tomar toda
la pista, el piloto determinó que el 60 % de la pista era suficiente para
nuestro despegue, le dio potencia y partimos hacia 34. Jamás
tuve miedo para volar, siempre el respeto necesario y la responsabilidad de daños
que puede ocasionar un accidente en donde se juega con la vida, pero, cuando vi
que el monstruo corretear sin lograr despegar del piso, después de dos
intentos, no se porque... tuve un poco de temor a la muerte, (tema que
nunca hablo), en ese momento hubiera querido estar en casa leyendo un libro o
mirando una película mala, pero, estaba allí... preguntándome que hacía
en ese lugar, tal vez alguno se pregunto eso en alguna oportunidad... que hacía
allí, no?.... volviendo a la acción, note que siendo las 15 horas la
temperatura del momento era de 32° . Despegó, pero muy poco se elevaba, recuerdo que cuando terminó la pista, pasamos los árboles casi tocándolos con las manos, los cuales siempre los vemos pequeñísimos al pasar, después de despegar, no pudimos superar los 800 pies de altitud, cuando habían pasado unos 35 minutos de vuelo, en ese momento su piloto nos dice: muchachos, esto no quiere subir, que les parece si volvemos y volamos de a dos por vez... nos miramos y como una sola voz, se escuchó: ya estamos satisfecho! (contestando al unísono). Y dando un giro bastante escarpado entro en circuito para su aterrizaje. Cuando por fin lo hizo, y se detuvo, di gracias a dios y pensé... cuantas cosas podrían haber sucedido, pero... aquí estoy, cargado con una bolsa de experiencia sobre los hombros y dando las gracias que no derrame la bolsa de la suerte con la cual empezamos el vuelo. B. L. L.
Servicio de abordo
Para despedir el año 2001, habíamos decidido hacer una navegación
hasta la pista de patricia Campos, situada en Casaling alrededor de un
220 Km del lugar.
El 25 de Diciembre por la noche dormimos en el hangar junto a nuestro gran
amigo, el
FLYER GT, antes que pinte el sol en el horizonte, nos levantamos, hacemos
Combustible a tope, cargamos equipaje, herramientas, todo por las dudas que podría
pasar, completamos el chequeo pre vuelo, mientras tanto Mauricio Piloto
Habilitado, hijo y compañero de vuelos desde siempre, acomoda todo en el bolso
de tela que está amarrado sobre el eje del tren principal, yo le pregunto ¿ Y
el desayuno?, Mauricio
me contesta dando arranque al
motor, Cierra y vamos.
Cuando voy a subir veo... que estaba prolijamente atado en el caño
central de la cabina, una bolsa de tejido de red, de esas que se usaban para ir
a comprar el pan cuando era pibe, en ella había algunas frutas, un budín, un
termo con agua caliente
y una bolsita con Yerba y el mate cargado. Ante mi cara de no entiendo,
me dijo Mauricio: Dale Papá que el viento sopla para lo de los Campos,
y tomando cabecera adecuada, despegamos, en ascenso a 1500 pies con rumbo
a Cañuelas nivelamos y
allí y en ese mismo momento, empieza como siempre la ceremonia de cebar
mate y servir budín
para los dos, solo que en esta ocasión no hablábamos de aviones, pues
el ruido del motor a 5200 rpm no lo hace necesario pues “lo estamos
viviendo”
Al pasar cada mate... con una mirada cómplice, nos estábamos riendo, pues sentíamos
el placer de disfrutar de un vuelo en Ultralivianos con "Servicio de
abordo” Por: Juan B. Redondo
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