www.hangar57.com

Vaya al Contenido

Menu Principal

VUELO NOCTURNO A LAS ISLAS MALVINAS (Prólogo)

MALVINAS > HISTORIA DE UN VIAJE

VUELO NOCTURNO A LAS ISLAS MALVINAS


PRÓLOGO

Por: Jorge Dejean

Nunca he sido hombre de ponerme a escribir largo. Sólo lo necesario, sintético, escueto. En realidad, nunca he escrito más que cartas, o mail,  o notas formales, y siempre honrando la brevedad.  Me falta ese don de dar a una narración bellas palabras, que transmitan cada pensamiento, cada emoción,  de  manera que hagan vibrar a quien los lee,  como  si  fueran invisibles pero presentes testigos  o, mejor aún, los protagonistas de la historia.

Fui,  más bien,   hombre de acciones. Me resulta más fácil hacer que decir, pero cuando de transmitir una historia se trata,  esto no es más que un   obstáculo, un estorbo    Quiero contar una historia, una pequeña historia, que está dentro de otra historia, que es la guerra del Atlántico Sur, que está dentro de otra mas grande aún,  la historia de nuestra Patria.

He sido - aunque no por mucho tiempo – piloto aviador naval, y aún soy aviador. Es desde este pasado, de aviador-marino, que  puedo comprender  cada pequeño detalle de los sucesos que les contaré, y que me conmueven aún, cada vez que los recuerdo.

No soy joven y,  ciertamente he pasado -también ya- mi madurez. Me he retirado de la vida profesional, después de muchos años como piloto de vuelos internacionales, habiendo volado para empresas argentinas y de otros países, como Nueva Zelanda y las Islas Fiji. Tengo una extensa y variada experiencia de vuelo, ya que he sido piloto de portaaviones, instructor de vuelo y  de simulador de vuelo,  piloto de línea,  fumigador,  taxi aéreo, etc.

Al cumplir mis sesenta años fue cuando me retiré definitivamente de la profesión, habiendo sido por diez años comandante del Jumbo 747 y habiendo volado  por variados lugares en el mundo.



Estoy entrando  en los años en que el pasado ocupa tanto de mi pensamiento, como el presente mismo. Ese pasado es un arcón lleno de recuerdos, recuerdos de variados colores, ya intensos, ya  apagados,  almacenados en aparente desorden, pero en el cual, curiosamente, han perdurado las  bellas memorias, y apenas si encuentro de las malas (y creía haberlas puesto todas allí…pero las malas, se han ido).

Aún viviendo con intensidad cada  nuevo día,  sé  que se  van yendo, uno a uno,  con rapidez,   escurriéndose  de entre los dedos de mi mano, como esos  granitos de arena caliente que recogemos en la playa, pretendiendo   retenerla, vanamente.

He visto crecer a mis hijos, y lo han hecho, para mi gusto, demasiado aprisa. Pero atesoro un sin número de pequeños recuerdos, como espiar, con su mamá, el asomar de  sus primeros dientecitos, blancos granitos de arroz en sus risas inocentes. Son ya un hombre y tres mujeres que me llenan de orgullo.  Dos nietas han venido a alegrar mis tiempos,  bullangueramente, y a todos ellos los tengo, gracias a Dios, muy cerca. La dulce y preciosa adolescente, que aun vestía uniforme escolar y olía a chocolate cuando la conocí, y con la que me casé hace tantos años, mi compañera querida,  ha recorrido un camino largo también, y lo hemos hecho juntos,  y aún estamos unidos, al cabo del sendero. Y agradezco por ello.

Por el tiempo vivido, he recogido, (como todos nosotros), un  patrimonio de experiencia, que es el regalo que ese tiempo nos deja cuando pasa, como una compensación por los días que nos va  restando.  Mis oídos ya no oyen como antes,  mis ojos  ya no ven como antes, los olores y aromas ya no son tan intensos. Pero el corazón siente como antaño, y tal vez más. Y no está mal  que así sea...

Desde  apenas un chiquilín, soñaba con ser aviador. Y cuando el tiempo apropiado por fin llegó, empecé, como tantos otros, un camino largo y difícil para lograr lo deseado. Y, como muchos otros, lo logré. En la Armada - que fue mi elección para seguir mi carrera -  solo recibí buenas enseñanzas.  Se me inculcó  incansablemente acerca del honor, el valor de la  palabra y de la verdad,  la hombría de bien, la honestidad, el coraje, y la profesionalidad de primer nivel. Y conocí también allí, muchos hombres  de valor.  La pequeña historia de unos pocos días en la vida de uno de ellos,  es la que voy a contar.

Alberto Philippi había comenzado la carrera, un año antes que yo, para seguir el mismo destino, con la misma pasión,  la pasión por la libertad del vuelo, esa inefable sensación de estar alto, donde están las aves, y más alto aún, donde ya no llegan,   montando un pájaro de fuego y de metal, estrepitoso y suave a la vez, obediente y exigente al mismo tiempo, capaz de dar  sensaciones maravillosas  de libertad absoluta, pero celoso  y listo a castigar –terriblemente-  si esa embriaguez de libertad  llevaba a cometer algún error.

Él terminó su carrera y fue destinado a una escuadrilla operativa,  la misma a la cual yo también fui  destinado al año siguiente, luego de haberme recibido. Juntos volamos muchas veces, y juntos también,  jóvenes de apenas   23 ó 24 años,  fuimos  pilotos de portaaviones. Hay muchos otros compañeros de esta época hermosa de mi vida, con los que compartí tantas cosas,  tantos momentos y tiempos, pero sólo quiero ahora narrar esta pequeña historia de dos hombres, muy diferentes entre sí, por su origen y cultura, pero a quienes la vida reunió  y  crearon, juntos, una amistad  maravillosa, que fue más allá de las penosas circunstancias que los separaban.

No hay en mis palabras connotaciones políticas de ningún tipo. Sólo narro  la  historia de una  amistad singular, y la de un vuelo por ella inspirado.



Reg. Propiedad Intelectual   412483/05


*****************************************************************************

Comentarios de la Dirección

Consideramos que es una muy buena historia. Cada historia tiene una enseñanza que puede mejorar este mundo globalizado que a veces parece perverso por sus interéses y no hace más que  devorar al hombre común.

Seguramente, cuando comiences a leer esta "pequeña gran historia" podrás sentir en tu pecho mucho más de lo que dice en su escritura, pues en todos los pueblos hay gente noble y de gran corazón.

Esta historia no solo lo atrapará, sino que además servirá para mejorar nuestro mundo interior.

Que Así sea.
B. Lorenzo Lavalle
Director de www.hangar57.com
Área difusión

( Nota cedida gentilmente por su protagonista para hangar57.com)



 
Regreso al contenido | Regreso al menu principal